Las ZBE (Zonas de bajas emisiones) ayudan a las ciudades a ser menos “agresivas”, ya que menos trafico significa más tranquilidad, sea por el ruido o por la calidad del aire, que son conceptos en los que ayudan estas zonas. También, las cifras globales relativas al impacto de la contaminación sobre nuestros pulmones son interesantes. Según la OMS, en 2021, la contaminación atmosférica fue responsable de más de 7 millones de muertes al año en todo el mundo. Las principles causas de la muerte son problemas respiratorios o cáncer de pulmón. Todos estos provocados por la alta cantidad de contaminantes en las ciudades sin ZBE. También fomenta la movilidad sostenible, ya que en un futuro no muy lejano, los coches diesel empiezan a ser una opción poco factible debido a que las reservas de petróleo empiezan a acabarse.
Un claro ejemplo de la gran funcionalidad de las ZBE es la comparación entre la ciudad China de Turpán y una ciudad europea cualquiera con los mismos habitantes, como puede ser Málaga, ciudad en la que sí hay ZBE. Según la empresa suiza Iq Air, la ciudad española tiene una calidad de aire de 47 ICA+US mientras que Turpán tiene la preocupante cifra de 433 ICA+US, lo cual, es mucho mayor y peligroso.
Pero tiene un punto negativo, que te obliga, en ciertos casos, a tener que comprar un nuevo vehículo solo por el hecho de que el que tú tienes dicen que contamina demasiado. Ahora ponemos un ejemplo que demuestra que esta medida no es del todo justa. Con el problema añadido, de que mucha gente no se puede permitir un nuevo coche nuevo.
Uno de los temas más polémicos es que te presionan a comprar un nuevo vehículo para tener la etiqueta necesaria para entrar a tu ciudad. Aunque esta disminución de emisiones no siempre es lógica. Por ejemplo: un Renault Twingo diésel del 1990 contamina de 170 a 220 g de CO₂/KM, en cambio, el mismo vehículo del 2010 contamina 145,2 g de CO₂/Km, y el de 2020 solo contamina 108 y 112 g de CO₂/Km. Se ve una disminución de emisiones. Por eso, el primer vehículo no puede entrar a la zona de bajas emisiones, ya que no puede tener etiqueta de la DGT. El segundo tiene etiqueta B, con la cual empiezan ahora poner restricciones. Y el automóvil del 2020 tiene la etiqueta C, que te permite entrar a las ZBE sin problema. El problema es cuando no ves una disminución clara de las emisiones, sino que premian comprar un vehículo nuevo en vez de usar el tuyo, cuando este aún funciona. Una Ford Raptor Diésel actual contamina entre 220 y 230 g de CO₂/Km, lo mismo que el Twingo del 1990, la diferencia es que la furgoneta Ford tiene la etiqueta C, la misma que el Renault de 2020, que contamina menos de la mitad que esta furgoneta.
En conclusión, las Zonas de Bajas Emisiones contemplan medidas muy funcionales que pueden contribuir a la mejora de la calidad del aire de las ciudades y del medioambiente. Aunque todavía se pueden implantar normativas más efectivas de clasificación de etiquetas tal y como hemos explicado en este último párrafo.
Nosotros vemos que estas medidas tienen potencial, siempre y cuando, sean bien implementadas alrededor del mundo.
